Vida
Cristiana/ Nª 4043
El anuncio de la resurrección manifiesta la
percepción de algo que no pudieron expresar de una manera diferente. Manifiesta
la percepción de que esta vida no es una historia completa en sí misma, sino
que sólo puede ser comprendida como parte de una historia más amplia en la que
Dios es el actor principal y en la que Jesús participa todavía. Por eso la
resurrección de Jesús no es sólo una convicción de fe. Es también un paradigma
de esperanza.
El
anuncio de los discípulos de Jesús encontró adhesiones y rechazos, como sucede
con cualquier otro testimonio personal, que no dispone de evidencias para
mostrar. La única evidencia que históricamente se puede encontrar es aquella
que registraron algunos cronistas antiguos no comprometidos en el anuncio.
Ellos informan que un grupo no pequeño de personas persistían, arriesgando su
vida, en continuar la causa de Jesús:
(Hechos
3:25:26): “Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo
con nuestros padres diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las
familias de la tierra… A vosotros primeramente Dios, habiendo levantado a su
Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su
maldad”.
Los
filósofos de Atenas se burlaban de Pablo en el areópago que, al oír la palabra
Resurrección de los muertos buscaban ofenderle, mientras otros decían, >>
Otro día, te oiremos
hablar sobre esto<<, (Hechos 17:32). La Resurrección, no
formaba parte de las aspiraciones platónicas de un Alma inmortal que anhelaba
liberarse de su cuerpo.
Entre ellos, se encontraban algunos
miembros de la secta de los fariseos que había abrazado la fe, creyeron que
Dios era posible en la formación del nuevo mundo anhelado, y que ellos podrían
participar del mismo Pablo, expresa claramente que «ya no hay
ninguna condenación para los que están
unidos a Cristo Jesús» (Ro 8:1). Toda la pena de nuestros pecados ya ha
sido pagada. Por tanto, aunque sabemos que los creyentes mueren, no debemos ver
la muerte de los creyentes como castigo de parte de Dios, ni como el resultado
de la pena que nosotros debíamos pagar por nuestros pecados. Es cierto que la
pena del pecado, es la muerte, pero esa paga ya no se aplica a nosotros (no en
términos de muerte física, ni en términos de muerte espiritual o separación de Dios).
Todo eso lo pagó Cristo. Por tanto, debe haber otra razón que no sea el castigo
por nuestros pecados que nos permita entender por qué mueren los creyentes.
La muerte es el resultado final de vivir en un
mundo caído. En su gran sabiduría, Dios decidió no aplicarnos de golpe todos
los beneficios de la obra redentora de Cristo. Más bien, ha escogido aplicarnos
los beneficios de la salvación gradualmente con el correr del tiempo. De modo
similar, no ha escogido quitar del mundo y de manera inmediata todo el mal,
sino esperar hasta el juicio final y el establecimiento del nuevo cielo y la
nueva tierra. En resumen, todavía vivimos en un mundo caído.
El último
aspecto del mundo caído que será quitado es la muerte. Pablo dice: Entonces, vendrá el
fin, cuando el entregue el Reino a Dios, el padre. Luego, de destruir todo
dominio, autoridad y poder. Porque es necesario que Cristo, venga hasta poner a
todos sus enemigos debajo de sus pies. El último enemigo a destruir es la
muerte
Hasta que Cristo
venga, todos envejeceremos, tendremos enfermedades, al final moriremos. El
último enemigo no ha sido destruido, y Dios ha permitido su postura. Cuando una
persona muere deja de existir, es lo contrario de la vida, en efecto, ya no
poseemos un alma, un espíritu inmortal.
(Eclesiastés
9:5,6,10). “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada
saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido…También su
amor y su odio y su envidia fenecieron ya; nunca más tendrán parte en todo lo
que se hace debajo del sol…Todo lo que se viviere a la mano para hacer, hazlo
según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obras, ni trabajo, ni
ciencia, ni sabiduría.”.
Es una victoria
para el cristiano, no una derrota.
Cuando
el apóstol Pablo estaba predicando, dijo: “Pero Dios, habiendo pasado por alto
los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar,
que se arrepientan”. (Hechos 17:30)
Pablo
dijo: “Han estado confiando en muchas cosas para que los lleven al cielo. Han
estado confiando en buenas obras. Ahora deben mirar a Jesucristo. Deben cambiar
de opinión y darse cuenta que las buenas obras no les puedan llevar al cielo;
sólo Jesús puede hacerlo. Ve a Cristo”. El arrepentimiento es dejar de confiar
en otras cosas y voltear a Jesucristo para que le salve. El arrepentimiento es
darse cuenta de que es pecador y que merece ir al infierno, pero que Jesús
murió por usted, y decir: “Jesús, por favor sálvame”. ¡Mire a Jesucristo ahora,
sea salvo, y vaya al cielo! Tenemos que ir y hablarles a las personas sobre
Cristo porque ellos viven en oscuridad. Debemos brillar para Jesucristo.
Debemos exaltar a Jesús.
Brillemos
para Jesús. Necesitamos brillar yendo y hablándoles a otras personas acerca de
Jesús. Imagínese si usted estuviera en un lugar, y se apagaran todas las luces
y usted estuviera en oscuridad, completamente en oscuridad. Si alguien
prendiera una luz, alumbraría, ¿verdad que sí? La luz ayudaría mucho. ¿Por qué?
Porque en vez de estar en oscuridad, habría algo de luz, pero, Cristo es luz
única y suficiente.
Nosotros
creemos y confesamos que Jesús de Nazaret, nacido judío de una hija de
Israel,
en Belén en el tiempo del rey Herodes el Grande y del emperador César Augusto;
de oficio carpintero, muerto crucificado en Jerusalén, bajo el procurador
Poncio
Pilato, durante el reinado del emperador Tiberio, es el Hijo eterno de Dios
hecho
hombre, que ha "salido de Dios" (Jn 13, 3), "bajó del
cielo" (Jn 3, 13; 6, 33),
"ha
venido en carne" (1 Jn 4, 2), porque "la Palabra se hizo carne, y
puso su morada
entre
nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno
de gracia y de verdad... Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia
por gracia" (Jn 1, 14. 16). La transmisión de la fe
cristiana es ante todo el anuncio de Jesucristo para llevar a la fe en él.
Desde el principio, los primeros discípulos ardieron en deseos de anunciar a
Cristo: "No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído"
(Hch 4, 20). Y ellos mismos invitan a los hombres de todos los tiempos a entrar
en la alegría de su comunión con Cristo.
Cristo
viene de la traducción griega del término hebreo "Mesías" que quiere
decir "ungido". No pasa a ser nombre propio de Jesús sino porque él
cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En efecto, en
Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una
misión que habían recibido de él. Este era el caso de los reyes (1 S 9:16; 10:1;
16, 1. 12- 13; 1 R 1: 39), de los sacerdotes (Ex 29: 7; Lv 8: 12) y,
excepcionalmente, de los profetas (1 R 19: 16). Este debía ser por excelencia
el caso del Mesías que Dios enviaría para instaurar definitivamente su Reino (Sal
2: 2; Hch 4:26-27). El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor (. Is
11, 2) a la vez como rey
y
sacerdote (Za 4, 14; 6, 13) pero también como profeta (cf. Is 61, 1; Lc 4,
16-21). Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de
sacerdote, profeta y rey.
La
consagración mesiánica de Jesús manifiesta su misión divina. "Por otra
parte eso
es
lo que significa su mismo nombre, porque en el nombre de Cristo está
sobreentendido El que ha ungido, El que ha sido ungido y la Unción misma con la
que ha sido ungido: El que ha ungido, es el Padre. El que ha sido ungido, es el
Hijo, y lo ha sido en el Espíritu que es la Unción" Su eterna consagración
mesiánica fue revelada en el tiempo de su vida terrena en el momento de su
bautismo por Juan cuando "Dios le ungió con el Espíritu Santo y con
poder"(Hch 10, 38) "para que él fuese manifestado a Israel" (Jn
1, 31) como su Mesías. Sus obras y sus palabras lo dieron a conocer como
"el santo de Dios" (Mc 1,:24; Jn 6,: 69; Hch 3: 14).
Numerosos
judíos e incluso ciertos paganos que compartían su esperanza reconocieron en
Jesús los rasgos fundamentales del mesiánico "hijo de David"
prometido por Dios a Israel (cf. Mt 2, 2; 9, 27; 12, 23; 15, 22; 20, 30; 21, 9.
15).. Jesús aceptó el título de Mesías al cual tenía derecho (cf. Jn 4,
25-26;11, 27),
El
nombre de Jesús significa "Dios salva". El niño nacido de la Virgen
María se
llama
"Jesús" "porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt
1,:21); "No hay
bajo
el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos
salvarnos"
((...) Hch 4, 12).
El
nombre de Cristo significa "Ungido", "Mesías". Jesús es el
Cristo porque "Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder" (Hch
10: 38). Era "el que ha de venir" (Lc 7, 19), el objeto de "la
esperanza de Israel"(Hch 28: 20).
El nombre de Hijo de Dios significa la
relación única y eterna de Jesucristo con Dios su Padre: Él es el Hijo único
del Padre (Jn 1: 14./ 18; 3/ 16.:18) y él mismo es Dios (Jn 1, 1). Para ser
cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios (c Hch 8, 37; 1
Jn 2: 23).
En Él no hay tiempo, es eterno, y
nuestro espíritu regresa a Él Y, al polvo regresamos (Génesis 3:19).
Debemos
sustentarnos en el celo apostólico y fundamentación de la Iglesia, (esposa y
cuerpo de Cristo). Orientada a irradiar su luz, una fuente encendida y vida de
un remanente y agua viva, donde algunos testimonios dan fe en la pasión por el
Evangelio, que, testimonios de hombres de fe nos ayudan>> unos a otros, a
reavivar el fuego que el Espíritu Santo quiere hacer arder siempre en nosotros.
La Iglesia,
crece en número es por atracción, en la Asamblea se predica por testimonio a un
Jesús, que ofrece agua viva para Resurrección del impío por fe al extender su
mirada al Calvario, y donde el Espíritu de Dios suscita en el corazón, un
acercarse a los miembros, (Iglesia), que nos hace pensar en una comunicación
activa con Jesús.
El Evangelio, es
una pasión y, un compartir con el Padre en la oración, dando gracias por Jesús.
Siempre oro alejado de la multitud, a solas, acompañado de los apósteles. Desde
muy temprano por la mañana. Por igual, estamos unidos al Padre en el Espíritu.
Jesús, descubre ser hombre, de su existencia en el mundo, porque El se
encuentra en misión por nosotros. Enviado al padre por nosotros.( Lucas 6:12/
9:18)
*Emiro
Vera Suárez, es hermano en comunión en Calle Anzoátegui.


