Vida Cristiana/ 4038.
Jesús convocó a los apósteles que preparasen La Pascua
para dejarles un mensaje que perduraría en el tiempo. Lo importante, era lograr
un lugar para reunirse con sus íntimos. Había, dos momentos trascendentes: el
primero, la muerte del maestro, y segundo, darles una lección de humildad y
servicio a los demás, que ellos, jamás olvidarían y que estuviesen unidos.
La Pascua, está relacionada con su liberación de la
esclavitud de Egipto, y del pecado. De modo que, tenemos limpieza del pecado y,
el sacrificio expiatorio. Además, un simbolismo para recordarnos su segunda
venida. El ceremonial por la ley quedaría atrás, sin efecto, cuando el
verdadero Cordero de Dios ha de ser sacrificado, un gran hecho trascendental,
porque la Cruz del Gólgota uniría al mundo gentil con el judío.
En la época de Nehemías, se descubre en el Séptimo mes,
justamente en el Libro de La Ley se conoce que es el tiempo de celebrar la
Fiesta de Los Tabernáculos, y todo el pueblo de Israel subió al monte para
buscar el ramaje necesario, donde cada grupo familiar en las azoteas, en sus
patios, en los atrios de La Casa de Dios harán fiesta con gozo durante una
semana y, habitarán en ellas.
“Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo
tabernáculos, y en tabernáculos habitó; porqué desde los días de Josué hijo de
Nun hasta aquel día, no habían hecho así loa hijos de Israel. Y hubo alegría,
muy grande”. (Nehemías 8:17).
A través de los siglos, La Pascua fue celebrada muchas
veces, aunque La Palabra se limita a mencionar solo siete veces, entre ellos,
la que celebraron Ezequías y Josías. Cuando la energía de la Fe de un hombre
provocó un despertar, un anhelo de celebrar un memorial.
( 2ª Crónicas 30 y 35),
La pascua, no se toma para sí mismo. Sino para su Dios,
porque Él lo había pedido. Deuteronomio 16: 1-8. Josué 3: 10-12.
La Iglesia de nuestros días tiene una necesidad
apremiante del conservatismo. Hay muchísimos poderes operando dentro y fuera de
la Iglesia que la está alejando de la verdad. La advertencia del Cristo
glorificado a Filadelfia es clara.” Apocalipsis 3:11).
Nos reunimos para edificarnos mutuamente y adorar y dar
alabanza al Señor
Se debe discernir el Cuerpo del Señor, sabiendo de
antemano que significado tie para nosotros tiene el participar de Él. Todo
humano debe comportarse de manera que honre al Señor.
(a Corintios 11: 27-29; 33-34).
"En
sangre", destaca el carácter absoluto del vínculo entre las dos
partes. Cuando un pacto se rompe, hay
consecuencias. En los contratos entre
los hombres, el que rompe un contrato debe pagar daños y perjuicios. En los contratos de humanos, la obligación
por incumplimiento dependerá de la naturaleza del acuerdo. En el pacto de Dios con los hombres, sus
términos de pacto son absolutos, la vida y la muerte. La pena por incumplimiento es siempre la
muerte. El término "en sangre"
indica que, si este pacto se rompe, la vida del infractor debe ser tomada. En Génesis 2, Dios dice a Adán: "Si
rompes mi pacto por comer del árbol, el día que comas de él, morirás". En
Génesis 15, "en la sangre" es simbolizado por el pasar de la antorcha
a través de los pedazos de los animales, mostrando que de haber alguna brecha
en el pacto, serían matados como los animales.
El derramamiento de sangre está presente en la señal del pacto de la
circuncisión con Abraham (Génesis 17).
El pacto de Dios con Israel incluye la aspersión de la sangre sobre el
pueblo y el libro de la Ley (Éxodo 24).
El derramamiento que Cristo hizo de su propia sangre es la marca del
Nuevo Pacto (Lucas 22:20).
Es vital
entender que la única forma en que Dios trata con el hombre es a través de
pactos. Dios no trata con el hombre
aparte de los pactos. Dios establece los
términos de estos pactos, y tanto Dios como el hombre deben regirse por estos
términos.
El Antiguo
Testamento alcanza su punto culminante y cumplimiento con la venida del Nuevo Pacto en Cristo.
Como mediador de un mejor pacto, Él trajo el nuevo Pacto construido
sobre mejores promesas.
Si consideramos
las promesas del Antiguo Pacto, especialmente aquellas hechas a David, sería
fácil buscar un rey terrenal con un reino terrenal. Sin embargo, las promesas del Nuevo
Pacto van mucho más allá de cualquier
cosa de esa naturaleza. Cristo no se
limita a gobernar como un rey terrenal en Jerusalén, sino que Cristo a través
de su resurrección, termina la vieja creación, trae la nueva creación y reina
sobre la misma. Él es la cabeza de todas
las cosas, tanto sobre la tierra como en el cielo (Mateo 28:18). Él es el primogénito de la nueva creación (1
Corintios 15:44 en adelante; Colosenses 1:17-18), derramando el Espíritu Santo
sobre los hijos de Dios.
La nueva
creación (como parte del Nuevo Pacto) ya se había establecido en su
resurrección, pero será llevada a su plenitud en su segunda venida. Todos los que están unidos a Cristo
participan de sus bendiciones, son hechos hijos de Dios, y están llenos del
Espíritu en la nueva creación.
Ya que Adán era
la cabeza de la vieja creación, su caída trajo el pecado y el juicio sobre sí
mismo y sobre toda la antigua creación (Génesis 3:17; Romanos 5:12; 8:20 en
adelante). Para remediar esta situación,
Jesucristo, el segundo y último Adán, nació en esta creación. En obediencia al Padre, Él sufrió y pagó por
los pecados de su pueblo (Gálatas 1:4; 3:10-11; 4:4). En su muerte, Jesús murió a la vieja y caída
creación, y resucitó a una nueva vida y a una nueva creación (1 Corintios 15:44
en adelante; Gálatas 6:15). La muerte,
sepultura y resurrección de Cristo son los medios por los cuales Jesús pagó por
los pecados de su pueblo y trajo a su fin a la vieja creación. En Su resurrección, Él comenzó la nueva
creación: "Porque, así como en Adán todos mueren, así también en Cristo
todos serán vivificados" (1 Corintios 15:22). En palabras de Pablo, la creación existente
está a la espera, gimiendo para ser liberada de esta agitación actual y para
ser liberada en la nueva creación de Dios (Romanos 8:20-23).
Muerte, sepultura y resurrección de Cristo
Cristo es el
mediador del Nuevo Pacto, construido sobre mejores promesas. El perdón de los pecados ocupa un lugar
central en este pacto. Jesús, como
mediador, cumple todas las promesas que El Antiguo Pacto esperaba. Él da su vida como garantía y sacrificio para
pagar por los pecados de su pueblo (hebreos 8:12; 9:16-28).
La muerte de
Cristo trajo muchos beneficios sobre el pueblo de Dios. Su obediencia condujo a:
1. Justificación-pago de las demandas de la ley
(Romanos 5:16, 18);
2. Propiciación-cobertura del pecado (Romanos
3:24-25);
3. Redención-pago de rescate (Marcos 10:45);
4. Perdón-perdón de los pecados (Efesios 1:7;
Colosenses 1:14), y
5. Reconciliación-la interposición de la paz
entre Dios y el hombre (Col. 1:21).
El bautismo y
la Cena del Señor son señales del Nuevo Pacto.
No se pueden entender sin entender su relación con el pacto.
El Antiguo
Pacto tenía dos grandes señales. La
circuncisión era la señal dada a Abraham ya su simiente (Génesis 17:9-14). La Pascua fue añadida cuando Dios liberó a
Israel de la tierra de Egipto (Éxodo 12).
La circuncisión y la Pascua eran señales de que el pueblo pertenecía a
Dios, y ellas habían de repetirse a través de todo el Antiguo Pacto. Estas dos señales han sido sustituidas por
dos señales nuevas pero equivalentes en el Nuevo Testamento. El bautismo ha sustituido a la circuncisión,
y la Cena del Señor ha sustituido a la Pascua.
Jesús había sido acusado de corromper la fe del
pueblo con un mensaje que no podía venir de Dios. Pero, al no dejarlo en la
muerte, Dios declaraba inválida tal acusación y avalaba su mensaje:
«Viéndole antes, habló de la Resurrección de
Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su alma vio la corrupción. A
este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos» (Hech 2:31-32).
«Nosotros les anunciamos a ustedes esta Buena
Noticia: la promesa que Dios hizo a nuestros padres, fue cumplida por él en
favor de sus hijos, que somos nosotros, resucitando a Jesús, como está escrito
en el Salmo segundo:
(Hechos 13:32-33): “Y nosotros también os
anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres. la cual
Dios ha cumplido a los hijos de ellos. A nosotros, resucitando a Jesús, como este
escrito también en el Salmo segundo: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.
(Juan 11:24):” Martha le dijo: Yo se que
resucitara en la Resurrección, en el día postrero”. (25-26).
La Biblia griega traduce con este término el nombre de Dios
(YHWH). Al aplicar el mismo título a Jesús los creyentes proclaman el hecho de
que al Crucificado, exaltado junto a Dios en su condición de glorificado, los
creyentes someten su vida aprendiendo y enseñando a cumplir todo lo que él
había mandado como enviado de Dios (cf. Mt 28,20). Por eso Jesús no es sólo un
personaje del pasado
que debe ser recordado. Tampoco es sólo el
liberador de quien se espera su venida futura. Jesús
ejerce una influencia viva en el presente:
Jesús se encuentra de tal forma vivo en su comunidad que su presencia la puede
experimentar constantemente cada uno de los creyentes, como una fuerza
transformadora para la propia vida.
El anuncio de la resurrección manifiesta la percepción de algo
que no pudieron expresar de una manera diferente. Manifiesta la percepción de
que esta vida no es una historia completa en sí misma, sino que sólo puede ser
comprendida como parte de una historia más amplia en la que Dios es el actor
principal y en la que Jesús participa todavía. Por eso la resurrección de Jesús
no es sólo una convicción de fe. Es también una de esperanza.
Una de las profecías de Nahúm
proclama que Dios no puede aceptar el pecado, que debe ser barrido de la
tierra. En la crucifixión de Cristo, Dios condenó definitivamente el pecado
cuando dejó morir a su propio hijo. (Mt. 27:46; 2Co. 5:21). El juicio final de
Dios sobre el pecado y la impiedad tuvo lugar en la cruz. Ello constituye un
gran motivo de celebración. De esta manera, la mayor
demostración de la gracia divina también se revela en Cristo.
“He aquí sobre los montes, los
pies del que trae Buenas Nuevas, del que anuncia la paz. Celebra, oh Judá, tus fiestas,
cumple tus votos; porque nunca más volverá a pasar por ti el malvado; pereció
del todo.”. (Nahum 1:15).
El
mandamiento del sábado
Jesús no abolió el sábado. Sus controversias con los líderes
de Israel acerca del sábado muestran que llevó a cabo una obra de reforma,
rechazando las tradiciones judías respecto a la forma de observar el sábado,
pero nunca lo abolió. Esto aparece en las controversias acerca de trabajar en
sábado (Mateo 12:1-8; Marcos 2:23- 28;Lucas 6:1-5), sanar (Mateo 12:9-13; Lucas
13:10-17; Juan 5:2-18; 9:1-34) y echar fuera demonios (Marcos 1:21-27; Lucas
4:31-37). En esta reforma Jesús mostró que él, y no los fariseos, era Señor del
sábado (Mateo 12:8). Sostenía que el sábado, séptimo día de la semana, era una
bendición para la familia humana (Marcos 2:27), como fue su propósito original
(Génesis 2:1-3). Respetó y observó el sábado asistiendo a las reuniones
religiosas y enseñando en ellas (Lucas 4:16). Sus seguidores más cercanos
siguieron respetando el sábado después de su muerte. Prepararon "especias
aromáticas y ungüentos"; luego "descansaron el día de reposo,
conforme
al mandamiento" (Lucas 23:56; ver Sábado).
La Biblia es el libro inspirado por Dios para mostrar
su voluntad al hombre, es el único libro capaz de cambiar de muerte a vida y de
desgracia a felicidad permanente. Es el libro que a pesar de tener innumerables
enemigos ha permanecido, porque “El cielo y la tierra pasarán, más mis palabras
no pasarán.” (Mt. 24:35); además contiene la verdad del pasado, presente y
futuro de la humanidad y constituye el medio de información que liberó al mundo
del engaño y superstición de la religión pagana, pero, sobre todo, contiene la
revelación del sacrificio de Jesucristo por amor al mundo perdido (He. 1:1-3),
a ello se debe la importancia de conocerla, leerla, estudiarla y vivirla.
(Tuve la oportunidad de conocer al Siervo del Señor
Guillermo Williams en Calle Sucre y en La Asamblea Las Quiguas,>>tenía
once años cuando GW, durmió en el Señor<<, y a la Señorita Fanny. Golff,
teniendo oportunidad de tener libros y folletos acerca del Tabernáculo y el
Octavo Día, referente a las siete, (7) Fiestas de Jehová y de Los Tabernáculos,
un día más el octavo. Tome para elaborar la serie de cinco artículos una
apreciación del Siervo Samuel Rojas Millán de una conferencia en Puerto Cabello
del año 2010 y, del Escritor y predicador del Evangelio Joel Muñoz, de Nirgua e
hijo de padres cristianos, mensaje dado en Valencia a una sugerencia mías para
aclarar algunos términos referentes al Octavo Día.
*Emiro Vera Suárez, es miembro en comunión de La
Asamblea Congregada en el Nombre del Señor de Av. Anzoátegui.



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